Piccole cose – Roma

(Nota: los títulos de estas entradas del viaje estarán basadas en una canción del playlist que me acompañó durante este viaje)

Roma… ¿Cómo describir esta increíble ciudad? Creo que literal, no hay una sola palabra para poder encapsular lo que sentís estar ahí, caminar por cada esquina y calle llena de piedras y de historia. Si no vas pendiente de google maps o de un mapa, puede que te llevés una muy agradable sorpresa al doblar en una esquina: una fuente, un obelisco, más fuentes, más vestigios de la civilización romana o simplemente un lugar de una película o un libro…

El viaje, luego de todos los contratiempos y corridas que di en Frankfurt, comenzó en un taxi de €60 porque a la media noche que llegué, desde el aeropuerto ya no hay salidas de buses hacia la terminal o salida de tren, lo bueno es que era un Mercedes Benz clase C… Lo malo es que me desbalanceó €40 de mi presupuesto diario… Intenté usar Uber con el wifi del aeropuerto y nunca encontraba un driver, por lo cual tuve que recurrir al taxi.

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La diferencia entre el costo de un transporte público a un taxi o uber es abismal. Un tren desde el aeropuerto, en un Leonardo Express, non-stop vale €14 y un billete de bus (que da para 100 minutos de viaje en diferentes rutas) cuesta €1.5 (y también da para una ida en la metro).

Llegada al apartamento de Chris, mi amigo ♥ en Roma, solo quería dejar la maleta y dormir en una cama. Procedí a pedir la clave del WiFi del apto (porque puesí… prioridades) a dar señales de vida en mi casa y a mis amigos y a sacar los paquetes que tenía que entregar 🙂

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El siguiente día, o mi primer día en Roma, salí desde Via della Camiluccia hasta , no tan temprano, pero tampoco taaaan tarde (SPOILER ALERT: todas mis mañanas en Roma comenzaron no tan temprano). Chris me enseñó los tips de transporte público, la app de Moovit para poder ver las horas de las llegadas del bus y las paradas. Cerca de plaza Cavour fuimos a un café o un bar como también son conocidos allá llamado Camillo B. a disfrutar un “típico desayuno italiano” entiéndase: un café y un cornetto. El tip con la comida en los bares de café es no sentarse. Puedes tomarte el café y comer el cornetto en la barra y así “evitas” el cobro extra para turistas que es el cobro de servicio a mesa.

De ahi me fue a dejar cerca del Mausoleo de Augusto y de ahi comencé a caminar sobre Via del Corso hasta llegar a Piazza del Popolo. Ahi es donde la verdadera Italia cobra vida: vespas, calles de piedra, callejones con ventanas dobles; el amarillo/naranja que es característico de la ciudad y sus muchos turistas (reconocibles por las gorras, los shorts, cámaras al cuello, etc).

 

Luego de pasar un par de minutos en PiazZa del Popolo viendo pasar a la gente, decidí subir hacia la Terraza del Pincio y luego de escuchar a unas personas tocando violín gracias a Google Maps me di cuenta que había un lugar que se llama “Casa del Cinema”  la cual, como oficialmente no había empezado el verano, estaba cerrado y tampoco había venta de souvernirs o algo así… así que seguí caminando y me di cuenta que hay una calle llamada Marcelo Mastroianni. Seguí esa calle y me encontré con Porta Pinciana y segui caminando porque Maps me decía que The Spanish Steps estaban cerca y puesí… había que ir a visitar uno de los lugares donde Audrey Hepburn estuvo durante Roman Holiday; sobre Via di Porta Pinciana hay muchas tiendas de souvenirs, electrónicos, así como también hoteles y tiendas de carteras italianas.

 

Al llegar sobre Via Sistina seguían apareciendo muchas más tiendas de souvenirs, mini tiendas y hasta la tienda de Leica ♥ y un poco más adelante se encontraba uno de los muchos obeliscos que están en la ciudad de Roma. Desde lo alto de las escaleras de la plaza España se puede ver los miles de turistas que llegan a ese punto, siendo uno de los más turísticos además de la Fuente de Trevi. Ahi puedes encontrar los muy famosos (y molestos e innecesarios) palos selfie por €3, también uno que otro powerbank y juguetitos de goma para los niños.

 

De ahí, parecía que la Fontana de Trevi estaba cerca así que decidí seguir caminando un poco más… Es increíble la sensación que da ir caminando por las calles o callejones de Roma y sentir que al cruzar o al dar la vuelta en una esquina, encontrás piezas históricas tan importantes o tan lindas y por supuesto, llenas de turistas tratando de sacarse una selfie o la foto familiar y alguno que otro, solo existiendo y observando.

 

Roma es una ciudad muy caminable… Luego del primer día había recorrido 26kms, cosa que jamas pensé hacer y lo más raro es que no terminé agotada… Pero bueno, lo siguiente fue ir a comer a un pub irlandés donde lo que estaba sonando no era ni por cerca irlandés sino que… des-pa-cito… Y hacer tiempo para que Chris saliera a su pausa para reunirnos en Piazza Venecia ♥ De ahi caminamos hacia el Coliseo, pasando por el Foro Traiano, el Foro Romano, Foro Imperial, etc. Al llegar al Coliseo, decidí no entrar ya que el tiempo no era como para andar haciendo quinimil filas y entrar a poner cara de lela (sorry, that’s me… got time for nothing, sino miren me aquí haciendo una entrada al blog sobre mi viaje de mayo… en julio…) y fuimos por un par de fotitos al arco de Constantino; caminar al borde del Circo Máximo que sí, en efecto es un tierrero; pero vamos, un tierrero histórico…

 

Quería pasar a ver otro de los lugares famosos de Roman Holiday, la boca de la verdad… Pero había una fila que parecía el último día de Consuma en Agosto… Así que también, pasé de largo. A la vuelta, en Vía del Cherchi, tomamos un bus que nos regresó a la parte alta de la ciudad, a Chris a su trabajo y a mi me fue a dejar a un par de cuadras de la entrada del Vaticano… Y sí, a un par de cuadras porque de lela me bajé antes, pero bueno, así conocí un poco más de la ciudad.

 

Al llegar al Vaticano, cuesta un poco saber a dónde está la entrada, pero si seguís caminando ves el arco con la entrada e inmediatamente ves el obelisco de la plaza de San Pedro (holi Robert Langdon) pero hasta este momento, no se con exactitud donde es la entrada para la Capilla Sixtina... Por lo cual me tuve que conformar con ver la Basílica de San Pedro.

 

Saliendo de ahi, decidí ir por un gelato de pistacho ♥ y luego irme a casa a ver el partido de la Champions, pero Chris me dijo que cerca de Via del Gracchi habían varios lugares donde poder ver el partido, así que me quedé y comencé a buscar. Ahí entendí que a pesar que el fútbol es un deporte que a los italianos también les interesa, no significa que en todos los bares y restaurantes tendrán una pantalla gigante (o una pantalla de cualquier tamaño) para ver el partido; solo los pubs tienen y ese es su estilo o su servicio.

Nunca encontré los mentados restaurantes que tenían pantallas para ver el partido, pero me encontré con un pub llamado Morrison’s los cuales además de tener cerveza extranjera a €6 (que por lela compré), tienen unas papas fritas en rodajas riquiiisiimaaaaaas!!

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Crisps and a beer en Morrisons

Por cierto, ese fue el mismo lugar donde llegué a ver el partido de la Juve el siguiente día y conocí a dos personas interesantísimas y divertidísimas… que más adelante les contaré.

Terminó el partido y me fui al Puente San Angel, que se convirtió en mi lugar favorito de Roma, luego me encontré nuevamente con Chris pasada las 12am y decidimos ir a dar un recorrido a la Fontana de Trevi, la cual yo estaba interesada en ver de madrugada y sin tanta gente, pasamos antes a la piaza Navona que yo no había tenido chance de ver y ya en la Fontana di Trevi hice un Facebook live y la tradicional tirada de monedas para poder regresar a Roma ♥

Día 2:

Chris me había comentado de este lugar, donde la gente pone miiiles de candados a diario gracias a las creaciones literarias de Federico Moccia (ciao Nikki e Alex). El lugar se llama Ponte Milvio. Este lugar queda a unos 15 mins en bus de la casa de Chris y a 300 mts del estadio Olímpico de Roma. El puente no tiene mucho de especial, habían unos cuantos candados (que luego aprendí que los llegan a quitar a diario) pero lo que más me llamó la atención fueron los escritos en sus muros y en los bordes del puente; además del lindísimo rio Tiber que pasa abajo y bordea toda la ciudad de Roma. Caminé un poco más hacia el Ponte Flaminio y de ahi regresé por el otro lado de la calle hasta Ponte Milvio para comer un rato en lo más barato que pude encontrar: 100 montaditos.

Ahi me quedé comiendo un rato hasta que un chavo, que me contó que era de Africa y que había llegado a Italia como refugiado, llegó a asaltarme de una manera bien al suave… Me pidió dinero para poder hacer algo que ya no recuerdo y así pasa en diferentes lugares, llegan a pedir $ a un restaurante o un lugar donde estés y te cuentan sus historias, sobre todo ahora con tantas personas que llegan como refugiados a diferentes países, esto se ha vuelto más normal.

De ahi decidí caminar un poco más desde donde me dejó el bus, para conocer un poco antes de regresar al centro de Roma donde me iba a reunir con Chris. Caminé un poco más para pasar viendo el estadio Olímpico y el resto de la villa que en pocos días sería la sede del torneo internacional de tennis.

De ahi agarré un bus y me fui hacia Piazza Cavour y de ahi hacia mi lugar favorito en toda la ciudad… Ponte Sant’Angel a ver mi último atardecer en Roma antes de irme para Dublín. Ese día había mucha música en vivo en el puente, miles de vendedores de pinturas, selfies, tripodes, bendy tripods (compré uno por 10 euros), compré también un par de guantes para el frio que posiblemente iba a tener en Dublín, Londres y Amsterdam (4 euros), cuando se llegó la hora del partido de la Juve, me fui a Morrison, solo para encontrarme que no había espacio ni en la barra, pero por suerte, había una mesita en la cual me instalé y pedí exáctamente lo mismo que el día anterior, papas y cerveza, mientras (aprovechando que estaba fuera) me echaba un par de cigarros. Luego de unos 10 minutos ahí, llegaron dos chavos (no chavos, pero pues) que si se podían quedar parados afuera y el encargado del pub les dijo que no… Uno de ellos me preguntó si podían sentarse conmigo para ver el juego, les dije que si…

Y durante una buena parte del juego, cada quien estuvo en su onda, pero Jean Paul me preguntó que de donde era, qué hacía, blah blah blah… Resulta que él habla español y entre inglés y español terminamos hablando de donde eran (Guisseppe es de Foggia y JP no me acuerdo) y hasta apostando por el partido, apuesta que perdí y que felizmente cobraron (3 shots de Jameson).

Terminado el partido y despedidas las amistades regresé a Castel de Sant’Angelo para esperar que Chris saliera de trabajar y a tomar un par de fotos con la opción de light painting. Luego decidimos ir a caminar hacia Campo de’ Fiori, el Panteón y Piazza Navona por unas cervezas y justo antes de terminar la noche y regresar a casa (luego de cuarenta mil vueltas sobre las mismas 3 cuadras) me caí… Justo la noche, antes de mi vuelo a Dublín, JUSTO LA NOCHE ANTES, me caí y me doblé el tobillo…

Pero bueno, cosas que pasan y seguimos caminando hasta llegar a Piazza Venecia y agarrar la R6 para el apartamento… No podía creer que todo había ido bien, inclusive el perder el vuelo era mejor que esto; pero doblarme el pie y poner el riesgo el vuelo, tan cerca de uno de mis bucket list no era posible… Por suerte, creo que el seguir caminando me ayudó porque si dolía pero era soportable. Regresamos a casa a arreglar lo último que me llevaría en la maleta y a dormir.

Día 3:

Más que un día fueron horas. Un desayunito a la carrera y a salir para Roma Termini a agarrar un Leonardo Express, así que salimos a agarrar el bus y en lo que íbamos medio durmiéndonos y hablando de tonteras de El Salvador, cuando de repente la persona que iba frente a nosotros nos dice “ustedes son de El Salvador, verdad? yo soy de Izalco” Fuck… de todos los lugares, por supuueesto en que en un bus nos encontraríamos a un salvadoreño. Medio nos comentó que estaba estudiando allá y ya, nos bajamos en la Metro para agarrar para Roma Termini, llegamos, compramos mi boleto hacia el aeropuerto, luego de un par de neciadas con la tarjeta de crédito, terminamos comprándolo con efectivo.

 

Me despedí de Chris y le dije que la próxima semana estaría de regreso, así que sin más, me subí al tren que me llevaría a la terminal 3 del aeropuerto internacional de Roma. Llegué y todo tranquilo, tenía como 2h para que comenzara el abordaje. Llegué, luego de unos minutos y de unos problemas porque una pareja llevaba un cochecito para gemelos y tenían que chequearlo, pasé seguridad y ya estaba en el gate que me tocaba para agarrar el vuelo, solo que ibamos a agarrar un bus y de ahi, abordabamos en pista. So far, so good con los tiempos y el vuelo. Ver el avión de Aer Lingus me generó una sonrisa gigante en la cara, estaba a punto de tachar de mi bucket list una de las cosas que ha estado ahi desde hace muchiiisimo tiempo, así que en un avión super incómodo (luego me daría cuenta que los low cost en Europa son terribles) me preparaba para conocer Dublín.

 

Otras notas de este viaje:

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