Luego de cinco días en el hospital, es donde me encuentro nuevamente. Haciendo nido, junto a los gatitos. Luego de una semana bien movida, que inició con esos mismos gatos quebrando mi chemex, estoy en casa, escribiendo desde mi cama.

Es extraño estar en casa de regreso, subir esos cuatro niveles de gradas luego de estar con oxígeno se volvió retador, no solo una tarea más; y lo hice, lento pero seguro. Es extraño también sentirse ajeno a su cuerpo, por el momento es la única manera en la que puedo describir más o menos como me siento; sentirse «lenta» o «inutil» es nuevo para mi que siempre me he jactado de ir a mil por hora, pero entiendo que es parte de un proceso largo.

Las cuarentamil gradas de mi edificio, que aparte que son muchas, son bien empinadas y la huella es alta.

Lo peor, al menos para mi, del COVID no fue estar en el hospital. En un principio si, obviamente, el tema de costos, la enfermedad, etc; pero la carga moral que te da en los primeros días cuando vos considerás que no has estado poniendo a nadie en riesgo y has guardado tu distancia y tus medidas y luego empezás a contar hacia atrás todos los contactos que tuviste en los días previos y los riesgos que significó eso para los demás… La culpa.

Por suerte nadie de mis contactos, hasta la fecha, se vio afectado más allá del susto. Pero ahora la afectación «emocional» de la enfermedad me ha estado pasando factura, más allá de la tos y todo lo que conlleva enfrentarse a este virus. Y tampoco escribo esta entrada en el blog para hacerme sentir especial, solo es por poner en palabras un poco de lo que estoy pasando en estos días.

El tráfico al salir del hospital. No lo extrañaba pero me dio un poco de normalidad.

Regresé a casa el sábado por la tarde, sentí bien manejar unas cuantas cuadras; regresar al tráfico inclusive, recobrar un poco de la normalidad de vivir. El domingo fue un día bueno, creo que tuvo mucho que ver el simple hecho de estar de regreso en casa con los gatitos; pero lunes y martes fue otro escenario completamente diferente.

Se podría decir que estuve deprimida; de salud me sentía bien, no tenía tos, la oxigenación estaba bien, pero sentía que mi cerebro estaba más acelerado de lo que mi cuerpo podía reaccionar. Inclusive el martes por la tarde me avisaron que había un arcoíris para que saliera a verlo, pero cuando salí a la terraza, sentía como un glitch en la matrix, como que era una animación o algo y no era real lo que estaba viendo; no se de qué otra manera describirlo; simplemente mi cerebro como que no lo procesaba bien.

El doble arcoíris del martes

Ese día tomé la desición de que me levantaría temprano el miércoles e iría al parque bicentenario al menos a existir; a sentarme en algún lado a respirar y despejarme, necesitaba salir y ver si no moría en el intento de subir las gradas del edificio. Al final el día estuvo super nublado, había mucho tráfico y decidí no ir, pero solo el hecho de salir un rato, manejar aunque sea en tráfico y subir ese montón de gradas de regreso al apartamento, aunque sea lento, no en mi velocidad normal, me dio un gran cambio de ánimo. Al final por varios motivos ese día termine subiendo y bajando las gradas tres veces y sí, ya la última vez me sentí cansada.

El tráfico del miércoles

A partir de ahí el ánimo fue súper diferente; el jueves me invitaron a comer fuera, lo cual me obligó a salir de casa y terminé haciendo unas compras en el súper; sentí bastante raro andar por los pasillos del super; pero poco a poco es de ir regresando a la vida pre-covid. Todavía no me animo a ir a pedalear, es de las cosas que no pensé que me harían tanta falta, pero me da temor sentir que voy a dejar un pulmón por ahí; si antes sentía que moría al pedalear unas cuestas, no se cómo voy a hacer al regresar; pero creo que la clave es mentalizarse que poco a poco, lento pero seguro y seguir, día a día.

Almuerzo de jueves afuera

El miércoles me llamaron del MINSAL, para darme seguimiento, ese día les dije que ya estaba en casa, que había estado hospitalizada y me dijeron que me darían de baja en el sistema. Les pregunté sobre mi estado de ánimo, que si era normal y de una manera bien sutil me dijeron que no era la única persona, que es normal y que por eso mismo han habilitado una línea de ayuda psicológica (llamando al 131) para casos de COVID19 -así que ya saben, si alguien necesita ayuda, esta ese teléfono.

Espero pronto perder el miedo de ir a pedalear, pero eso será después del chequeo médico la otra semana. Por el momento, lo principal es leer los más de 1000 correos pendientes de la oficina. Gracias por leerme hasta acá y gracias a todos los que de alguna u otra manera estuvieron pendientes de cómo seguía 💖.

PD: 5 días más tarde, café me sigue sabiendo a frijoles 😭

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