Tacos, bicis, Uber y Adele – CDMX 2016

Y sí, el medio de transporte que más usé durante mi estancia en Ciudad de México fue Über. Lo barato, como siempre es relativo, pero también tiene que ver con el hecho de que el peso mexicano estaba über devaluado. Así que antes que termine el 2016 les voy a contar de este viaje.

El viaje a México comenzó como un viaje a Nueva York… ¿Cómo así? Pues, yo quería ir a NYC a ver a Adele en concierto y como no habían entradas disponibles, me tocó comprar entrada al concierto de CDMX, esto fue en diciembre de 2015, lo cual significaba que tuve que esperar 11 meses para poder ir a ver a mi artista favorito en vivo (solo me queda U2 y Train en lista).

Para irnos a México (iba con Loy) desde El Salvador y aun precio que no fuera el equivalente a irme de viaje a Europa (sí, de SV a CDMX los boletos pueden costar hasta $900) nos tocó comprar un boleto de bus hacia ciudad de Guatemala y de ahi salir en Interjet (para regresar en Volaris 4 días más tarde, pasando por Cancún) y llegar más o menos a una hora decente, pero pues, habríamos perdido todo el día en el viaje. Sin embargo, boleto de avión+boleto de bus+hotel p/p salió mucho menos de lo que podríamos haber gastado con el precio más barato de avión hacia México (al final fueron como $360 c/u).

Llegamos, nos fuimos en Metro (debimos haber tomado un Uber) en hora pico hacia la estación más cercana al hotel y luego de caminar lo que pareciera que fueron unas 20 cuadras, encontramos un puesto de tacos callejeros. Comimos los primeros tacos del viaje y 10 mins más tarde, nos fuimos dando cuenta que los tacos estaban atrás de nuestro hotel, es más, desde la terraza del cuarto casi veías el puesto de tacos.

Día 2: Salimos en Uber desde el hotel hacia el Palacio de Bellas Artes ($3.25 el viaje) porque puesí, yo no iba a caminar todo eso (como 6kms). Vi Bellas Artes por fuera ya que había una increíble cola, me quedé con ganas de ver la expo de Lautrec. Seguimos caminando y fuimos a canjear las entradas del concierto a la Gandhi que está por la plaza de las ópticas, luego de eso aprovechamos un poquito más de tiempo en lo que Jon llegaba a reunirse con nosotras y subimos al mirador de la Torre Latinoamericana (que es famoso por ser el primer rascacielos en construirse en zona de sismos) para ver la ciudad desde el aire, lastimosamente estaba nublado y contaminado lo cual no ayudó a que se viera muy bien, pero bueno.

Bajamos y había una manifestación lo cual además de hacer tráfico de carros, generaba una pequeña congestión de personas también.

En eso ya llegó Jon y luego de dar una vuelta en la plaza de las ópticas, pasar a Pull & Bear, Mixup, medio ver el Zócalo y caminar de regreso, fuimos a conocer la terraza del Sears que está frente a Bellas Artes en lo que comíamos algún postre y tomábamos un café y platicabamos sobre la vida en CDMX, qué haríamos en la noche y otras cosas. Ahi logré tomar esta foto de Bellas Artes.

Ese día en la tarde (sábado) llegaba Chris quien también iría al concierto con nosotras así que para la tarde pensamos que iríamos al castillo de Chapultepec y llegaríamos en bicicleta, lo cual no fue así. Nos quedamos en un mercadito de comida que había sobre el paseo La Reforma (luego de caminar UN MONTÓN y pasar a un Sbux por un baño) y ahi nos encontró Chris. Al final no fuimos a Chapultepec pero si pedaleamos por el bosque, a lo cual yo no sabía (ohhh… yo ilusa) que las bicicletas que te “rentan” (porque en realidad son gratis) no tienen cambio de velocidad, y sí, CDMX es plano, pero pues, no taaan plano. En la primera cuesta me iba muriendo (y con la cámara y los comprados). Teníamos 30 mins para ir y regresar con las bicicletas antes que nos cobraran $200 pesos por tardanza y por supuesto, fallé. Ya no tenía energías para regresar así que puesí… Pedí un Uber para llevarme la bici de regreso al puesto donde nos la rentaron, de otra manera no hubiera logrado llegar a tiempo (y el uber me salió a menos de $200).

Terminamos ese recorrido, camino al Zócalo a ver el concierto gratis de Alejandro Fernández, decidimos pasar al monumento a la Revolución ya que era parte del Show de Luces de la ciudad y tenían en display los colores de la bandera arcoíris; luego de eso caminamos hacia Bellas Artes que tenía mapping en su fachada y luego caminamos hacia el Zócalo al cual llegamos justo al final del concierto cuando todo mundo comenzó a salir. Luego de una mega ultra remada (que además ya no aguantaba mis pies de tanto caminar) fuimos a un bar, a esperar que pasara la lluvia, que abrieran calles y poder pedir un Uber de regreso al hotel. Decidí quedarme en el hotel a descansar, los niños decidieron irse a la zona rosa a pasar la noche bailando.

Día 3: La goma les ganó la batalla a varios jaja. Nos levantamos tarde y fuimos directo a desayunoalmorzar para bajar la “cruda” que tenían y luego de que Chris decidiera quedarse en el hotel, nos fuimos a Coyoacan, a conocer las tierras de Frida (aunque no logramos ir al museo). Visitamos la Cineteca cuyo concepto es muy refrescante y diferente a todo lo que hemos visto en nuestro país y además tiene tiendas adentro con memorabilia y otras cosas relacionadas al cine y la cultura pop (es decir, estaba más o menos en mi concepto de cielo). Salimos de ahi y pues, me estaba muriendo del dolor de pies, agarramos una pecera y nos fuimos a buscar el lugar donde nos haríamos los tatuajes que en mi caso, sería el recuerdo del viaje a México.

Regresamos a la capital, a buscar a Chris al hotel quien ya había revivido luego de pasar toda la tarde durmiendo y la primera parada de la noche fue en el hotel St. Regis, donde Adele se supone que estaría (pues sí, al final de todo yo iba a México por verla). Luego de una media hora de estar ahi medio congelándonos afuera, mejor nos fuimos a buscar una pizzería llamada “La Pizza del Perro negro” y ahi cenamos pizza y papas ¿bravas?.

Día 4: Pensábamos levantarnos temprano, ir a hacer las últimas compras que teníamos pendientes (obleas, obleas y más obleas)  ir a las pirámides, regresar temprano y descansar pero, el supermercado no está tan cerca. Terminamos las compras y luego nos fuimos hacia la estación de autobuses del norte. Yo pensaba que Teotihuacan estaba como a 30 mins, pero no, es una hora de recorrido para llegar ahi y lo menos que puedes estar en el sitio arqueológico es una hora, o sea, si decides subir al menos una pirámide.

Subimos a la pirámide del Sol y estuvimos un rato arriba (agarrando aire sobre todo) para luego proceder a bajar y a buscar recuerdos que podríamos llevar de ahi. De regreso a la ciudad (un poco más de 1h más tarde) fuimos a buscar más cosas que teníamos pendientes de comprar antes de regresar ya que el 5to día, era única y exclusivamente de viaje de regreso.

Terminamos las compras justo a tiempo para regresar al hotel, cambiarnos ropa y salir de regreso hacia el Palacio de los Deportes para el primer concierto de Adele en México. Logramos llegar sin tanto problema, entré mi Canon SL1 y seguridad no se dio cuenta, por lo cual tenía asegurado un par de videos y fotos buenas para el aftermovie (ver arriba). Luego de estar aproximadamente 1h sentados en nuestros asientos que eran horribles pero era lo único que logramos en su momento, nos llegaron a mover de asiento porque estabamos muy de lado. Lo que pasó después siempre he creído que son de esas cosas que a uno no le pasa, solo oye que suceden. Nos sacan de nuestros asientos, nos ponen junto a otras 3 personas, comenzamos a bajar, pasamos dos chequeos de seguridad, nos piden los boletos, bajamos a la arena principal, comenzamos a caminar y caminar y caminar hasta llegar al tope y nos acomodaron en las filas de adelante, a 3 metros del escenario (lo cual significaba que la tendría como a 5mts). No podía con mi vida, estaba llorando, hiperventilando, no lo podía creer. Los asientos que originalmente quería, que no pude comprar porque eran casi el doble de caro de los más caros en NYC, ahora los tenía, por el precio de $82. Ver a mi artista favorita tan cerca y que ese cambio haya sido tan a última hora, algo tengo que haber hecho bien este 2016 para merecer eso.

2 horas y varios litros de lágrimas de emoción menos terminó el concierto, cayeron papeles con partes de canciones y todos comenzamos a salir del estadio. De regreso al hotel a terminar de hacer maletas y a dormir que el siguiente día es de viaje de regreso a San Salvador.

Aún no se qué hice para merecer ese cambio de asiento. Es de esas cosas que pasan una vez en la vida, con la persona correcta en el momento correcto. Ciudad de México, no creo verte pronto, no sos mi ciudad favorita de México (hola Quintana Roo), pero definitivamente tenes un espacio en mi corazón por haber logrado eso durante un concierto de mi cantante favorita. Al regreso, veníamos cuidando unas botellas de tequila, una mega maleta que no tengo ni idea cuanto pesaba, pero SEGURO se pasaba del pero permitido por la aerolínea (sorry Volaris).

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